lunes, 5 de julio de 2021

LA FORMACION UNIVERSITARIA COMO UNA EXPERIENCIA AUTOPOIETICA


 


TRAYECTAR LA VIDA.

LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA COMO UNA EXPERIENCIA AUTOPOIETICA

(Apropiación de identidad)
TEXTOS DE APOYO PARA LOS MODULOS DE IDENTIDAD LASALLISTA






J. ALBERTO SILVA RIVERA
UNIVERSIDAD DE LA SALLE.
DEPARTAMENTO DE FORMACIÓN LASALLISTA
2021- II sem




CONTENIDO GENERAL:

INTRODUCCION: "SER JOVEN, DE LA AMENAZA A LA OPORTUNIDAD, DE LA DEBILIDAD A LA FORTALEZA"    

PRESENTACION            

LO JUVENIL EN EL CONTEXTO DEL TRAYECTO DE LA VIDA HUMANA        

PRIMERA PARTE: EL ASUNTO DEL SENTIDO VITAL COMO ASUNTO POIÉTICO      

ENSAYO No 1. AUTOPOIESIS UNA PALABRA ALQUILADA PARA APREHENDER LO HUMANO.                          ¿POR QUE MÁS AUTOPOIESIS?            

ENSAYO No 2.  “HACERSE SÍ MISMO”:   

IDENTIDAD: SER LO QUE SE DEBE SER.  

ENSAYO No 3. “TRAYECTAR LA VIDA A TRAVÉS DE PROYECTOS”.              

3.1. LA VIDA ES TRAYECTO.        

3.2. LA VIDA ES ITINERARIO… SE HACE EN PROYECTOS  

3.3. DE PROYECTO EN PROYECTO LA VIDA CUMPLE SU IMPLACABLE TRAYECTO.

ENSAYO No 4. LA DINAMICA AUTOPOIETICA.    

4.1. CALEIDOSCOPIO DE CONDICIONES Y POSIBILIDADES              


INTRODUCCION

 

  “SER JOVEN: DE LA AMENAZA A LA OPORTUNIDAD, DE LA DEBILIDAD A LA FORTALEZA” 

Algo de lo que estamos seguros empiezas a tener conciencia en este momento, es que, has empezado una nueva travesía (un tramo) de la vida. Has dado un grito de libertad a las puertas de la universidad y has proclamado un propósito de vida profesional. Además, que intuyes que somos los autores de nosotros mismos, intentamos ser los dueños de nuestra existencia; que solo en nuestra voluntad está el caminar hacia ese centro que soy yo mismo y que nadie podrá hacerlo o impedirme ser lo que quiero ser. Ese momento de la floración y fructificación es el que se hace en la juventud, etapa que generalmente pasamos en un jardín llamado universidad. 

Esa es la realidad que hace distinta esta etapa universitaria de la etapa colegial, pues aquí eres un individuo adulto, una persona dotada de sueños, de utopías, aunque también atado a unas historias y circunstancias las cuales tienes que replantear debido a que muchos hábitos y tendencias producto de la cultura masificadora y de tu ingenuidad las tendrás que cambiar. Universidad es sinónimo de juventud: momento para abrir las velas y echar a navegar el barco, que posiblemente llegue a un puerto seguro, pero también que puede volverse pedazos contra los escarpados riscos de una sociedad materialista consumista y vacía. No habrá otro momento, no se puede perder el tiempo ni sentarse en el camino a esperar que pase el destino o la oportunidad para la vida, hay que construirla y como dice el poeta: “no hay camino se hace camino al andar” 

De las etapas de desarrollo de la vida, central y fundamental y por eso la más importante, es aquella que va entre los dieciocho y los veinticinco años. Denominada por muchos como la etapa de la consolidación, y efectivamente porque este es el momento generalizado de la maduración: por ejemplo; dicen los psicólogos educativos que esta es la época en la que se alcanza la madurez mental o capacidad de pensamiento formal11; los expertos en desarrollo afectivo dicen que  desde el punto de vista sexual se ha madurado de tal manera que se está dotado para engendrar y dar origen a la vida12; por otro lado físicamente  se llega a la madurez fisiológica, y se está como en el mejor estado de bienestar y de salud, todos los órganos y funciones marchan como un reloj; tanto que se dice que a los jóvenes no les duele nada. De otro lado políticamente es la etapa de adhesión a las doctrinas y a los partidos a los cuales defendemos con la propia vida, es el momento de mayor conciencia y compromiso. No menos importante, espiritualmente se espera que se haya consolidado la espiritualidad y que la adhesión a una religión se haga de manera consciente, responsable y creativa; y por último moralmente se supone que se alcanza el estadio post-convencional13 en el que nuestras decisiones morales no se atan a las normas, encarnan los valores pero esencialmente responden a eso que en la ética se llaman los principios universales y agregaría reafirmando a Carol Gilligan que es el momento de la abnegación y del amor oblativo. Por tanto como quien dice: la juventud es un momento de “ahora o nunca”. 

Desafortunadamente la escuela y el hogar muchas veces son escenarios en donde se torpedea o se impide el actuar autopoiético de adolescentes y jóvenes. Temas como el aprender a decir no, aprender a emprender, aprender a definir limites, aprender a elegir asertivamente están lejano de la conciencia de padres y maestros en sus relaciones con los educandos.  Y congruentemente  aquello con lo que se encuentra un formador o educador al preguntar a un estudiante ¿para qué estudia?, ¿para que ocupa el espacio en la escuela?  Y la respuesta es “ser alguien”  tiene mucho de verdad y mucho de falsedad, de mentira pues de hecho él es, está y hay dinámica, pero puede y debe seguir existiendo y manteniendo su identidad y su propiedad.  

Semejantes a los carneros que triscan en la pradera mientras el matarife hace su elección con la mirada en medio del rebaño, no sabemos en nuestros días felices que desastre nos prepara el destino precisamente en aquella hora: la enfermedad, persecución, ruina, mutilación, ceguera, locura, etc. 

 Todo lo que apetecemos coger se nos resiste; todo tiene una voluntad hostil, que es preciso vencer. En la vida de los pueblos no nos muestra la historia sino guerras y sediciones: los años de paz sólo parecen cortas pausas, entreactos que surgen una vez por casualidad. Y asimismo, la vida del hombre es un perpetuo combate, no sólo contra males abstractos, la miseria o el hastío, sino contra los demás hombres. En todas partes se encuentra un adversario. La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano. 

En medio de esa dinámica de desarrollo, de la que se espera que consolides tu pensamiento, tus valores, tus ideales, tus amores, tus capacidades y habilidades; frente a esas dimensiones en proceso, para el desarrollo de todo ese potencial queremos acompañarte animarte en ese convencimiento, y compromiso con la idea fuerza de que vale la pena gozarse estos años de formación universitaria, si son para crecer como persona.  Queremos respetuosamente colaborarte con el desarrollo de una metáfora: somos como una lanza, un proyectil lanzados no al vacio existencial, sino al infinito (más allá de lo finito) con la energía y la fuerza de una individualidad que moldeas cotidianamente en un pequeño espacio llamado espiritualidad, trayectando en medio o en contra de otras lanzas y flechas y de las perturbaciones de la condición de seres de tiempo y espacio, pero con la seguridad de que tu naturaleza y potencia espiritual te da tu identidad plena, y te asegura la inmersión en la dimensión plena de vitalidad. Te proponemos un…… “ser lo que se quiere ser, en la medida en que se puede ser, para no dejar de ser.  

Y aunque de todos los trayectos el de la juventud es el más caracterizador, el más centrador gracias a que allí ejercemos la AUTONOMIA, nos hacemos SUJETOS, emergemos como INDIVIDUOS y posiblemente, por que AUTONOMIA es una posibilidad siempre abierta, nos hacemos CRIATURAS. Es maravilloso poder exponer hoy que el concepto de autonomía no es solo una elaboración filosófica o un a priori del que construíamos la concepción de persona. Edgar Morin nos ayuda a entender esa nueva perspectiva de la autonomía, para la que hay que prever el pensamiento paradojal:  

“esta es una noción estrechamente ligada a la de dependencia, y la de dependencia es inseparable de la noción de la auto-organización. … La autoorganización significa obviamente autonomía, pero un sistema autoorganizador es un sistema que debe trabajar para construir y reconstruir su autonomía y que, por lo tanto, dilapidad energía. En virtud del segundo principio de la termodinámica, es necesario que ese sistema extraiga energía del exterior; es decir, que, para ser autónomo hay que depender del mundo exterior” 

De todos los trayectos que la vida posee el más definitivo, el más poderoso y potente es la etapa de la juventud, es en donde precisamente y aparentemente astutos y despiertos nos realizamos, pero paradójicamente ahí es donde más nos engañan y nos ponen la máscara, los tapa ojos de caballo para que no nos salgamos del sendero de la vida de la sociedad. Para comprender mejor esto propongo esta figura: venimos de la mano de un padre amoroso y cuidadoso que nos pone a la orilla de un caudaloso y torrentoso río, a ellos por la cultura les está prohibido mantenernos tomados de la mano, y con angustia nos indica que hay que atravesar trayectar a la siguiente etapa la adultez, de otro lado nosotros ahí en la orilla estamos felices porque vamos a experimentar lo que es soltarnos de sus manos, vamos a saborear la libertad, él nos pone unas piedras que deja a la orilla del río y nos dice que son las tradiciones, los valores, los principios que podemos usar para hacernos un camino, poco a poco lo vemos desaparecer en el declinar de su vida y tenemos que vérnoslas con ese río que intenta arrastrarnos en su lujuria. Allí vivimos desgarramientos de rupturas de SUJETOS, INDIVIDUOS, CREATURA con Dios, con los otros, con la familia, con la tradición. Volvemos los ojos y allí están las rocas que nos dejaron y que sabiéndolas colocar haremos camino hacia el otro lado. Nada es nuevo, ese río es testigo de luchas anteriores, de las crisis de amor, las crisis de dinero que vivieron abuelos, padres y ahora nos toca a nosotros, tontos pensando que inventamos el camino, lo que inventamos es la táctica ahí en la orilla del turbulento río hacemos gala de nuestra creatividad y nos arrojamos a trayectarla.  

¿Qué procesos de producción hemos de cuidar? 

¿Qué relaciones e interacción hemos de privilegiar? 

¿Cuáles son los perturbadores de nuestro propósito? 
Bogotá, Agosto 11. de 2009. (En memoria de mi padre, quien me enseño a gozar la vida a diario) 





[1] En la universidad de la Salle, producto de una construcción grupal en el plan de asignatura al que quiere responder este escrito propone un conjunto de interrogantes que referimos a modo de ejemplo: 

-              ¿Por qué escogí esta profesión? ¿Qué habilidades y capacidades tengo para considerar que tendré éxito con mi elección?

-              ¿Qué aspectos intelectuales, emocionales y prácticos fundamentan mi vocación?

-              ¿Por qué elegí esta universidad?

En torno a su presencia en la universidad:

-              ¿Qué espero de la Universidad? ¿Qué puede aportar la universidad para contribuir con la solución de los principales problemas del país?

-              Además de formarme en una profesión, ¿qué más puedo aprender y hacer en la universidad con miras a mi formación integral?

-              ¿Qué desafíos debe enfrentar hoy un egresado universitario?

En torno al compartir la mentalidad o ideología del lasallismo:

-              ¿Por qué la propuesta pedagógica de La Salle tiene vigencia después de más de 300 años?

-              ¿Qué retos tiene un universitario lasallista que le dan un plus sobre cualquier otro profesional de otra institución de educación superior?

-              ¿Qué valor puede tener para una sociedad el principio de trabajar juntos y por asociación?

Pero además casualmente y de modo fortuito acostumbrábamos a hacer un ejercicio de lectura y comprensión del artículo del Dr Frankl “Diez tesis sobre la persona” y en el manejo de su comprensión lo convertimos en preguntas que fueron significativas de la reflexión de los estudiantes durante varios semestres, estas preguntas organizadas en nueve categorías correlacionadas con esas tesis, se convirtieron en la base de la propuesta teórica relacionada con la autopoiesis.

  

PRESENTACION

Este escrito está pensado para los jóvenes que inician su proceso de formación universitaria. La intensión básica es facilitar y acompañar una reflexión de lo que significa ese estado vital al que acceden. A ese tiempo y proceso de formación universitaria queremos referirnos con una expresión clave: AUTOPOIESIS, sin embargo, para dar una perspectiva más especifica la hemos desglosado en una frase propositiva de lo que entendemos es la tarea principal de quien ingresa a la universidad: “HACERSE “SÍ MISMO”, EN LA CIMA INTELECTUAL, PARA BAJAR A SERVIR A LOS DEMÁS”.

 

Ante el suceso de tener unos jóvenes iniciándose en la vida universitaria que llegan, en su gran mayoría, por la inercia del proceso cultural-educativo que los pone allí, y, un buen número, con sus mentes aún adormecidas, carentes de la necesaria conciencia plena de que ese es un momento tan trascendente del que de algún modo depende la continuidad, no solo de su evolución personal, sino de la evolución de su familia, la de su nación y más lejanamente la de la especie, ¿con que expresión se les explica?. ¿Con qué discurso o narrativa ayudarles a iluminar sus vidas? Una clave, o palabra angular con la que me encontré fue precisamente AUTOPOIESIS. De eso trata este artículo, una lectura del quehacer universitario desde el sabor de la condición de seres vivientes, la aventura de jugarse la trascendencia como individuo y como especie.

 

La cultura actual, ese orden humano, ha establecido un tiempo de la vida de las personas –aproximadamente entre los 16 y los 30 años- en el que se asiste con tiempo exclusivo a instituciones culturales legitimadas para aprender de la vida, del mundo, de las ideas, de los aparatos, de los sistemas, en fin, de lo que podría englobarse en el esquivo concepto de “realidad”. Práctica que, tal como aparece hoy, digamos de paso, resulta arbitraria a la naturaleza de los seres humanos que somos aprendices permanentes; pero la realidad es esa: arbitrariamente se dedica un tiempo de la vida al aprendizaje profesional sin referirlos a esos otros aprendizajes. Y de cara a la tarea de aprender, inmersos en la tarea académica, los humanos hemos descubierto además que no todo termina allí en la instrucción, en el entrenamiento que se certifica como una idoneidad; comprendemos que hay un asunto más profundo: el sentido vital, nos sentimos inmersos en un remolino que no se detiene con el estudiar, ni el aprender, y también constatamos que esa no es la forma ni la estrategia exclusiva y en casos la más adecuada para hallar la razón del sentido de la vida, sino que allí subrepticiamente, al lado de las clases, de las conferencias, emerge lo más importante: la demanda por el sentido vital y la expresión de algo más trascendente, para lo cual intuimos que no basta instruirse, sino que hay que “formar-se” o darse forma, como un armarse.

 

La cultura no solo determina un tiempo, además, propone una ruta y un modo de desarrollo en humanización: la racionalidad, empoderar la mente hacia lo que conocemos como la ciencia, la técnica y con ello quizás hemos empezado por las flores y los frutos sin haber anclado o sembrado la raíz. Esa incertidumbre es de lo primero que constata el joven a las puertas del alma mater, de ella surgen un torrente de interrogantes evidentes en la vida de los estudiantes que se inician en la universidad.

Aprovechemos para indicar, de paso, que – esos interrogantes- han de ser el combustible de la llama encendida en el templo de la sabiduría. Un ejemplo de esos cuestionamientos son el conjunto de interrogantes que hemos definido como pregunta motivadora de la reflexión[1] :

 

El que un joven se pare en la puerta de una universidad, cuando lo hace a conciencia y grite a la vida “Estoy aquí  porque Yo, quiero ser…..” es el acto definitivo de la individualidad, es el grito de la unicidad y de la irrepetibilidad, voz de la creatividad, es la asunción de la autonomía, es el acto de identidad más clara y más particular que alguien puede hacer, y por tanto, antes que los conocimientos “especializados” y “específicos” de su futuro quehacer profesional, es importante gastarle tiempo a resolver el qué y el cómo de esta trascendental tarea.  En consonancia con ello, desde nuestra tarea como formadores pretendemos ayudar a entender las implicaciones vitales, no tanto las académicas, sino  las del proyecto de vida, las del sentido vital que conlleva este acto. Es una puesta en juego de ese arte de explicar que no es más que traducir lo complicado y lo complejo a lo simple, de echar mano de los lenguajes más diversos: del científico, del literario, del matemático, del metafórico también, para hacer comprensible la idea de la formación integral.

De hecho, en total acuerdo con la idea de que este aprender se centra en la autonomía de los seres vivientes propuesta por Maturana y Varela, que de modo impactante nos tomó en una primera lectura y una primera y muy incipiente reflexión (Silva R, 2015, pág. 97), nos ha exigido una mayor profundización de los planteamientos, con la ayuda de otros autores: Viktor Frankl, Paul Ricoeur, Humberto Maturana, Enrique Rojas, José Luis Meza en un mosaico de psicólogos, antropólogos, filósofos y otros.

 

Esa etapa, que se inicia con ese “yo quiero ser…”, que paraliza a padres, a amigos y que se reconoce como el acto de elección o vocacionalización de la vida, transcurre de manera particular con una ocupación principal: construyendo lo que da sentido a la vida, y no son precisamente los conocimientos; sino las convicciones y posturas espirituales las que sin ser reconocidas efervecen la cotidianidad. Para entender esa dinámica se propone un concepto que es la autopoiesis, traducida como formación de sí mismo. Obviamente hay excepciones, fríamente calculadas y provocadas por el sistema, pues a las minorías seleccionadas por su clase, su patrimonio, su renta les es asegurado ese proyecto que se traduce en un cartón universitario y un ejercicio profesional; pero a las mayorías -especialmente a los jóvenes del campo- el aprendizaje de la “realidad” le es dado frecuentemente a través de la experiencia y en la alternancia del aprender y trabajar que es su vivir; sin embargo, para ambos ese aprender a formarse es la dinámica inobjetable.

 

Este libro, pretende dos propósitos: por un lado recoger y cerrar una serie de reflexiones del autor generadas en el uso del texto colectivo “UNIVERSIDAD, LASALLISMO Y PROYECTO DE VIDA" (Elizalde, Oscar, 2014),  que durante más de seis años sirvió de guía para el trabajo de la cátedra de identidad institucional en la universidad de la Salle.  Por otro lado validar, ratificar y fortalecer los ejes que intuitivamente señalamos para el proyecto formativo como universidad católica, ellos son:  “proyecto de vida”, “universidad” y “Lasallismo”, pero ahora haciendo una reflexión menos particular y más universal, para ser abrevadero, no solo para los lasallistas sino, para los jóvenes que inician su aventura de la formación universitaria. Y por qué no, que sea un aporte de la universidad lasallista al pensamiento universitario.

 

La estructura de este escrito va de una profundización del primer artículo (Silva R, 2015), casi infantil sobre la formación como autopoiesis, colocada como Introducción y con el poder del mismo concepto intentar abrir un boquete a las tres dinámicas que hemos ido descubriendo claves para acompañar a los jóvenes: su identidad, su misión y su proyección. Luego, y conservando la estructura del escrito de Elizalde y asimilando las dinámicas a nuevos nombres desarrollamos las tres antiguas partes: identidad con la propuesta de “hacerse si mismo”; misión, con la propuesta de “estar en la cima del conocimiento” y se cierra la obra con la dinámica de la proyección, en la propuesta de “bajar a servir a los demás. Para cada parte se han identificado unos núcleos que pueden ser recogidos en palabras claves: IDENTIDAD, TRAYECTAR, ITINERARIO, en la segunda parte: UNIVERSIDAD, SCHOLARIUM, FORMACIÓN INTEGRAL, y para el final: SER CUENCO, SERVIR Y LASALLISMO. Para finalizar, a modo de anexo se coloca una parte para los lectores o estudiantes de instituciones lasallistas: “DE LA MANO DEL SEÑOR DE LA SALLE” con la convicción de que el Lasallismo es un estilo de vida que tiene mucho que decir al mundo de hoy, pero que respetuosamente lo dejamos en términos de una propuesta.






















                                                                            




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