LA FORMACIÓN
UNIVERSITARIA COMO UNA EXPERIENCIA AUTOPOIETICA
INTRODUCCION: "SER JOVEN, DE LA AMENAZA A LA OPORTUNIDAD, DE LA DEBILIDAD A LA FORTALEZA"
PRESENTACION
LO JUVENIL EN EL CONTEXTO DEL
TRAYECTO DE LA VIDA HUMANA
PRIMERA PARTE: EL ASUNTO DEL SENTIDO VITAL COMO ASUNTO
POIÉTICO
ENSAYO No 1. AUTOPOIESIS UNA
PALABRA ALQUILADA PARA APREHENDER LO HUMANO. ¿POR QUE MÁS AUTOPOIESIS?
ENSAYO No 2. “HACERSE SÍ MISMO”:
IDENTIDAD:
SER LO QUE SE DEBE SER.
ENSAYO No 3. “TRAYECTAR LA
VIDA A TRAVÉS DE PROYECTOS”.
3.1. LA
VIDA ES TRAYECTO.
3.2. LA
VIDA ES ITINERARIO… SE HACE EN PROYECTOS
3.3. DE
PROYECTO EN PROYECTO LA VIDA CUMPLE SU IMPLACABLE TRAYECTO.
ENSAYO No 4. LA DINAMICA
AUTOPOIETICA.
4.1.
CALEIDOSCOPIO DE CONDICIONES Y POSIBILIDADES
INTRODUCCION
. “SER JOVEN: DE LA AMENAZA A LA OPORTUNIDAD, DE LA DEBILIDAD A
LA FORTALEZA”
Algo de lo que estamos
seguros empiezas a tener conciencia en este momento, es que, has empezado
una nueva travesía (un tramo) de la vida. Has dado un grito de
libertad a las puertas de la universidad y has proclamado un
propósito de vida profesional. Además, que intuyes que somos los
autores de nosotros mismos, intentamos ser los dueños de nuestra
existencia; que solo en nuestra voluntad está el caminar hacia ese centro que
soy yo mismo y que nadie podrá hacerlo o impedirme ser lo que quiero
ser. Ese momento de la floración y fructificación es el que se hace en la
juventud, etapa que generalmente pasamos en un jardín llamado
universidad.
Esa es la realidad que
hace distinta esta etapa universitaria de la etapa colegial, pues aquí eres un
individuo adulto, una persona dotada de sueños, de utopías, aunque
también atado a unas historias y circunstancias las cuales tienes que
replantear debido a que muchos hábitos y tendencias producto de la cultura
masificadora y de tu ingenuidad las tendrás que cambiar. Universidad es
sinónimo de juventud: momento para abrir las velas y echar a navegar el barco,
que posiblemente llegue a un puerto seguro, pero también que puede volverse
pedazos contra los escarpados riscos de una sociedad materialista consumista y
vacía. No habrá otro momento, no se puede perder el tiempo ni sentarse en el
camino a esperar que pase el destino o la oportunidad para la vida, hay que
construirla y como dice el poeta: “no hay camino se hace camino al andar”
De las etapas de
desarrollo de la vida, central y fundamental y por eso la más importante, es
aquella que va entre los dieciocho y los veinticinco años. Denominada por
muchos como la etapa de la consolidación, y efectivamente porque este
es el momento generalizado de la maduración: por ejemplo; dicen los psicólogos
educativos que esta es la época en la que se alcanza la madurez mental o
capacidad de pensamiento formal11; los expertos en desarrollo afectivo dicen
que desde el punto de vista sexual se ha madurado de tal
manera que se está dotado para engendrar y dar origen a la vida12; por otro lado
físicamente se llega a la madurez fisiológica, y se está como
en el mejor estado de bienestar y de salud, todos los órganos y funciones
marchan como un reloj; tanto que se dice que a los jóvenes no les duele nada.
De otro lado políticamente es la etapa de adhesión a las
doctrinas y a los partidos a los cuales defendemos con la propia vida, es el
momento de mayor conciencia y compromiso. No menos importante, espiritualmente
se espera que se haya consolidado la espiritualidad y que la adhesión a
una religión se haga de manera consciente, responsable y creativa; y
por último moralmente se supone que se alcanza el
estadio post-convencional13 en el que nuestras decisiones morales no se
atan a las normas, encarnan los valores pero esencialmente responden a eso que
en la ética se llaman los principios universales y agregaría reafirmando a
Carol Gilligan que es el momento de la abnegación y del amor oblativo.
Por tanto como quien dice: la juventud es un momento de “ahora o
nunca”.
Desafortunadamente la
escuela y el hogar muchas veces son escenarios en donde se torpedea o se impide
el actuar autopoiético de adolescentes y jóvenes. Temas como el
aprender a decir no, aprender a emprender, aprender a definir limites, aprender
a elegir asertivamente están lejano de la conciencia de padres y maestros en
sus relaciones con los educandos. Y congruentemente
aquello con lo que se encuentra un formador o educador al preguntar a un
estudiante ¿para qué estudia?, ¿para que ocupa el espacio en la escuela?
Y la respuesta es “ser alguien” tiene mucho de verdad y mucho
de falsedad, de mentira pues de hecho él es, está y hay dinámica, pero puede y
debe seguir existiendo y manteniendo su identidad y su propiedad.
Semejantes a los carneros que triscan en la pradera mientras el matarife
hace su elección con la mirada en medio del rebaño, no sabemos en nuestros días
felices que desastre nos prepara el destino precisamente en aquella hora: la
enfermedad, persecución, ruina, mutilación, ceguera, locura, etc.
Todo lo que apetecemos coger se nos resiste; todo tiene una
voluntad hostil, que es preciso vencer. En la vida de los pueblos no nos
muestra la historia sino guerras y sediciones: los años de paz sólo parecen
cortas pausas, entreactos que surgen una vez por
casualidad. Y asimismo, la vida del hombre es un perpetuo combate, no
sólo contra males abstractos, la miseria o el hastío, sino contra los demás
hombres. En todas partes se encuentra un adversario. La vida es una guerra sin
tregua, y se muere con las armas en la mano.
En medio de esa
dinámica de desarrollo, de la que se espera que consolides tu pensamiento, tus
valores, tus ideales, tus amores, tus capacidades y habilidades; frente a esas
dimensiones en proceso, para el desarrollo de todo ese potencial queremos
acompañarte animarte en
ese convencimiento, y compromiso con la idea fuerza de que
vale la pena gozarse estos años de formación universitaria, si son para crecer
como persona. Queremos respetuosamente colaborarte con
el desarrollo de una metáfora: somos como una lanza, un
proyectil lanzados no al vacio existencial, sino al
infinito (más allá de lo finito) con la energía y la fuerza de una
individualidad que moldeas cotidianamente en un pequeño espacio
llamado espiritualidad, trayectando en medio o en contra de
otras lanzas y flechas y de las perturbaciones de la condición de
seres de tiempo y espacio, pero con la seguridad de que tu naturaleza y
potencia espiritual te da tu identidad plena, y te asegura la inmersión en
la dimensión plena de vitalidad. Te proponemos un…… “ser lo que se
quiere ser, en la medida en que se puede ser, para no dejar de ser.
Y
aunque de todos los trayectos el de la juventud es el más
caracterizador, el más centrador gracias a que allí ejercemos la
AUTONOMIA, nos hacemos SUJETOS, emergemos como INDIVIDUOS y
posiblemente, por que AUTONOMIA es una posibilidad siempre
abierta, nos hacemos CRIATURAS. Es maravilloso poder exponer hoy que el
concepto de autonomía no es solo una elaboración filosófica o un a priori del
que construíamos la concepción de persona. Edgar Morin nos ayuda a entender esa
nueva perspectiva de la autonomía, para la que hay que prever el pensamiento
paradojal:
“esta es una noción estrechamente ligada a la de dependencia, y la de
dependencia es inseparable de la noción de la auto-organización. … La
autoorganización significa obviamente autonomía, pero un
sistema autoorganizador es un sistema que debe trabajar para
construir y reconstruir su autonomía y que, por lo tanto, dilapidad energía. En
virtud del segundo principio de la termodinámica, es necesario que ese sistema
extraiga energía del exterior; es decir, que, para ser autónomo hay que
depender del mundo exterior”
De todos los trayectos
que la vida posee el más definitivo, el más poderoso y potente es la etapa de
la juventud, es en donde precisamente y aparentemente astutos y despiertos nos
realizamos, pero paradójicamente ahí es donde más nos engañan y nos ponen la
máscara, los tapa ojos de caballo para que no nos salgamos del
sendero de la vida de la sociedad. Para comprender mejor esto propongo esta
figura: venimos de la mano de un padre amoroso y cuidadoso que nos pone a la
orilla de un caudaloso y torrentoso río, a ellos por la cultura les está
prohibido mantenernos tomados de la mano, y con angustia nos indica que hay que
atravesar trayectar a la siguiente etapa la adultez, de otro lado nosotros ahí
en la orilla estamos felices porque vamos a experimentar lo que es soltarnos de
sus manos, vamos a saborear la libertad, él nos pone unas piedras que deja a la
orilla del río y nos dice que son las tradiciones, los valores, los principios
que podemos usar para hacernos un camino, poco a poco lo vemos desaparecer en
el declinar de su vida y tenemos que vérnoslas con ese río que intenta
arrastrarnos en su lujuria. Allí vivimos desgarramientos de rupturas de
SUJETOS, INDIVIDUOS, CREATURA con Dios, con los otros, con la familia, con la
tradición. Volvemos los ojos y allí están las rocas que nos dejaron y que
sabiéndolas colocar haremos camino hacia el otro lado. Nada es nuevo, ese río
es testigo de luchas anteriores, de las crisis de amor, las crisis de dinero
que vivieron abuelos, padres y ahora nos toca a nosotros, tontos pensando que
inventamos el camino, lo que inventamos es la táctica ahí en la orilla del
turbulento río hacemos gala de nuestra creatividad y nos arrojamos a
trayectarla.
¿Qué procesos de
producción hemos de cuidar?
¿Qué relaciones e
interacción hemos de privilegiar?
¿Cuáles son los perturbadores
de nuestro propósito?
Bogotá, Agosto 11. de 2009. (En memoria de mi padre, quien
me enseño a gozar la vida a diario)
Bogotá, Agosto 11. de 2009. (En memoria de mi padre, quien me enseño a gozar la vida a diario)
[1] En
la universidad de la Salle, producto de una construcción grupal en el plan de
asignatura al que quiere responder este escrito propone un conjunto de
interrogantes que referimos a modo de ejemplo:
- ¿Por
qué escogí esta profesión? ¿Qué habilidades y capacidades tengo para considerar
que tendré éxito con mi elección?
- ¿Qué
aspectos intelectuales, emocionales y prácticos fundamentan mi vocación?
- ¿Por
qué elegí esta universidad?
En torno a su presencia en la universidad:
- ¿Qué
espero de la Universidad? ¿Qué puede aportar la universidad para contribuir con
la solución de los principales problemas del país?
- Además
de formarme en una profesión, ¿qué más puedo aprender y hacer en la universidad
con miras a mi formación integral?
- ¿Qué
desafíos debe enfrentar hoy un egresado universitario?
En torno al compartir la mentalidad o ideología del
lasallismo:
- ¿Por
qué la propuesta pedagógica de La Salle tiene vigencia después de más de 300
años?
- ¿Qué
retos tiene un universitario lasallista que le dan un plus sobre cualquier otro
profesional de otra institución de educación superior?
- ¿Qué
valor puede tener para una sociedad el principio de trabajar juntos y por
asociación?
Pero además casualmente y de modo fortuito
acostumbrábamos a hacer un ejercicio de lectura y comprensión del artículo del
Dr Frankl “Diez tesis sobre la persona” y en el manejo de su
comprensión lo convertimos en preguntas que fueron significativas de la
reflexión de los estudiantes durante varios semestres, estas preguntas
organizadas en nueve categorías correlacionadas con esas tesis, se convirtieron
en la base de la propuesta teórica relacionada con la autopoiesis.
PRESENTACION
Este escrito está pensado para los jóvenes
que inician su proceso de formación universitaria. La intensión básica es
facilitar y acompañar una reflexión de lo que significa ese estado vital al que
acceden. A ese tiempo y
proceso de formación universitaria queremos referirnos con una expresión clave:
AUTOPOIESIS, sin embargo, para dar una perspectiva más especifica la
hemos desglosado en una frase propositiva de lo que entendemos es la tarea principal de quien
ingresa a la universidad: “HACERSE “SÍ MISMO”, EN LA CIMA INTELECTUAL, PARA
BAJAR A SERVIR A LOS DEMÁS”.
Ante el suceso de tener unos jóvenes
iniciándose en la vida universitaria que llegan, en su gran mayoría, por la
inercia del proceso cultural-educativo que los pone allí, y, un buen número,
con sus mentes aún adormecidas, carentes de la necesaria conciencia plena de que
ese es un momento tan
trascendente del que de algún modo depende la continuidad, no solo de su
evolución personal, sino de la evolución de su familia, la de su nación y más lejanamente
la de la especie, ¿con que expresión se les explica?. ¿Con qué discurso
o narrativa ayudarles a iluminar sus vidas? Una clave, o palabra angular con la
que me encontré fue precisamente AUTOPOIESIS. De eso trata este artículo, una
lectura del quehacer
universitario desde el sabor de la condición de seres vivientes, la aventura de
jugarse la trascendencia como individuo y como especie.
La cultura actual, ese orden humano, ha
establecido un tiempo de la vida de las personas –aproximadamente entre los 16
y los 30 años- en el que se asiste con tiempo exclusivo a instituciones
culturales legitimadas para aprender de la vida, del mundo, de las ideas, de
los aparatos, de los sistemas, en fin, de lo que podría englobarse en el
esquivo concepto de “realidad”. Práctica que, tal como aparece hoy, digamos de
paso, resulta arbitraria a la naturaleza de los seres humanos que somos
aprendices permanentes; pero la realidad es esa: arbitrariamente se dedica un
tiempo de la vida al aprendizaje profesional sin referirlos a esos otros
aprendizajes. Y de cara a la tarea de aprender, inmersos en la tarea académica, los humanos hemos
descubierto además que no todo termina allí en la instrucción, en el
entrenamiento que se certifica como una idoneidad; comprendemos que hay un
asunto más profundo: el sentido vital, nos sentimos inmersos en un
remolino que no se detiene con el estudiar, ni el aprender, y también
constatamos que esa no es la forma ni la estrategia exclusiva y en casos la más
adecuada para hallar la razón del sentido de la vida, sino que allí subrepticiamente, al lado
de las clases, de las conferencias, emerge lo más importante: la demanda por el
sentido vital y la expresión de algo más trascendente, para lo cual intuimos
que no basta instruirse, sino que hay que “formar-se” o darse forma, como un
armarse.
La cultura no solo determina un tiempo,
además, propone una ruta y un modo de desarrollo en humanización: la
racionalidad, empoderar la mente hacia lo que conocemos como la ciencia, la
técnica y con ello quizás hemos empezado por las flores y los frutos sin haber
anclado o sembrado la raíz. Esa incertidumbre es de lo primero que constata el
joven a las puertas del alma mater, de ella surgen un torrente de interrogantes evidentes en la vida
de los estudiantes que se inician en la universidad.
Aprovechemos
para indicar, de paso, que – esos interrogantes- han de ser el combustible de
la llama encendida en el templo de la sabiduría.
Un ejemplo de esos cuestionamientos son el conjunto de interrogantes que hemos
definido como pregunta motivadora de la reflexión[1] :
El que un joven se pare en la puerta de una
universidad, cuando lo hace a conciencia y grite a la vida “Estoy aquí porque Yo, quiero ser…..” es el acto
definitivo de la individualidad, es el grito de la unicidad y de la
irrepetibilidad, voz de la creatividad, es la asunción de la autonomía, es el
acto de identidad más clara y más particular que alguien puede hacer, y por
tanto, antes que los conocimientos “especializados” y “específicos” de su
futuro quehacer profesional, es importante gastarle tiempo a resolver el qué y
el cómo de esta trascendental tarea. En
consonancia con ello, desde nuestra tarea como formadores pretendemos ayudar a
entender las implicaciones vitales, no tanto las académicas, sino las del proyecto de vida, las del sentido
vital que conlleva este acto. Es una puesta en juego de ese arte de explicar
que no es más que traducir lo complicado y lo complejo a lo simple, de echar
mano de los lenguajes más diversos: del científico, del literario, del matemático,
del metafórico también, para hacer comprensible la idea de la formación
integral.
De hecho, en total acuerdo con la idea de que
este aprender se centra en la autonomía de los seres vivientes propuesta por
Maturana y Varela, que de modo impactante nos tomó en una primera lectura y una
primera y muy incipiente reflexión
Esa
etapa, que se inicia con ese “yo quiero ser…”, que paraliza a padres, a amigos
y que se reconoce como el acto de elección o
vocacionalización de la vida, transcurre de manera particular con una
ocupación principal: construyendo lo que da sentido a
la vida, y no son precisamente los conocimientos; sino las convicciones y posturas espirituales las que sin ser
reconocidas efervecen la cotidianidad.
Para entender esa dinámica se propone un concepto que es la autopoiesis,
traducida como formación de sí mismo. Obviamente hay excepciones, fríamente
calculadas y provocadas por el sistema, pues a las minorías seleccionadas por
su clase, su patrimonio, su renta les es asegurado ese proyecto que se traduce
en un cartón universitario y un ejercicio profesional; pero a las mayorías -especialmente
a los jóvenes del campo- el aprendizaje de la “realidad” le es dado
frecuentemente a través de la experiencia y en la alternancia del aprender y
trabajar que es su vivir; sin embargo, para ambos ese aprender a formarse es la
dinámica inobjetable.
Este libro, pretende dos propósitos: por un
lado recoger y cerrar una serie de reflexiones del autor generadas en el uso
del texto colectivo “UNIVERSIDAD, LASALLISMO Y PROYECTO DE VIDA"
La estructura de este escrito va de una
profundización del primer artículo
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